Cae una lluvia de primavera. Es leve y helada; un placer para los sentidos, realmente. La lluvia sobre la tierra enfatiza los aromas de las hierbas que recojo:
El perejil, "apareció" gracias a la intervención de una gallina ajena. Ella irrumpió en nuestro patio y al escarbar entre las hojas de los árboles, depositadas en el suelo, descubrió las tres matas que hoy atesoro. Providencial.
El romero, lo compré en una esquina y con el favor de Dios, ha crecido bien.
La menta, regalo de una abuelita de mi barrio. Una delicia cortar esos brotes para el té.
Lavado todo y puesto a secar para que acompañen a mis hijos en la semana lejos de su casa.

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