miércoles, 30 de octubre de 2019

"Mi reino no es de este mundo".


Lo dijo Jesucristo, el Hijo de Dios.
Yo digo que soy cristiana y lo digo con gran temor, porque no soy digna, es por su misericordia.
Vivo en Chile, pero no es mi verdadera patria; es el lugar que se me ha asignado para mi estadía.  Los cristianos, vivimos en una realidad alterna: estamos en el mundo, pero no somos de aqui. Es simple, pero no simplista. Amo esa idea, esa idea me sostiene. Mi bienestar no depende de nada terreno, mi vida esta en manos del Padre. De niña lo vivo así, porque crecí cantando ese tradicional himno "soy hija del Rey...".  Era muy joven cuando ví a personas de mi congregación en protestas callejeras, pedían la salida de un gobernante.  En mi corazón me costó admitir que ellos, líderes de iglesia, eran más de este mundo que los que llamaban mundanos.  La Palabra es clara: las autoridades son necesarias y nuestro primer deber hacia ellas es orar para que, a tráves de ellas, tengamos una buena pasantía; hay un segundo deber, procurar la paz en el lugar que habitamos, porque esa paz será la nuestra.
Te dices cristiano?
No te toca alborotar, ni  protestar; te toca hacer el bien y pedir misericordia, Al que contiene el mundo en la palma de Su mano.
No importa quíen es el gobernante de turno... los cristianos dependemos del Creador del Universo, en esta vida y en la otra.

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