Siempre afuera, al aire libre, mirando el cielo... asi vivió mi amado amor; amaba el bosque, amaba el mar. Trabajaba "por principio" y no esquivaba las tareas difíciles. No quería retirarse del mundo laboral, se sentía resonsable de tantas personas. Pero la fecha de vencimiento llegó y ese cuerpo fuerte, tan exigido, empezó a presentar señales de desgaste, a los 76 años de uso. Y asi fué, como de golpe, se desmoronó la vida de mi esposo. Su espíritu indomable se vió restringido a la lentitud de sus pasos, su visión mengüada le trajó dolor insostenible y una enfermedad monstruosa se apoderó de su respiración. En los últimos meses de su valiosa vida se aisló en la pena, dejó de hablarnos, dejó de mirarnos, dejó de comer... se fué de este mundo antes que su cuerpo dejara de funcionar completamente, en mayo de 2017. Han pasado dos años, cinco meses, algunos dias y sigo aqui sin procesarlo. No puede ser que ya no esté y, sin embargo, no está. Nunca ha salido de mis pensamientos, pero trato de no pensar en él. Sigo con Mi labor, pero ahora es una carga pesada; ya no esta mi amado amor esperando mi regreso en nuestro mundo de dos.
Venimos a esta vida, con una fecha de vencimiento... mientras se cumple la mía, me ocupó en mi misión: ayudo a aprender, comparto lo que sé hacer, conforto otras vidas. Confío en mi Hacedor y en su sabia voluntad; no comprendo la razón de mi existencia, pero sé que habrá respuestas. Mientras escribo, cae una lluvia hermosa de primavera; de mis ojos también.

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