sábado, 21 de marzo de 2015

Siempre dibujando, desde que descubrió los lapices... mi segundo.



El “segundo” nos encuentra menos prolijas y obsesivas…
Se aguanta más tiempo con el pañal mojado.
Come chocolate y toma mate antes del año.
No sabe de rutinas ni de horarios fijos.

El “segundo” debe soportar bastante menos nuestros temores e inseguridades…
No corremos a la guardia por una simple fiebre.
Duerme desde que tiene un mes en su habitación.
No necesita ni adaptación en el jardín.

El “segundo” aprende a la fuerza el significado del verbo compartir…
Anda muchas veces con ropa heredada.
Casi nunca sale solito en una foto.
Aguanta estoicamente caricias violentas y besos pegajosos de su hermano.

Y lo más importante: el “segundo” corrobora lo que ya sospechábamos (a pesar del inmenso miedo)…
que es posible enamorarse de otro hijo, con la misma pasión e intensidad.

(tomado de la red).

No hay comentarios:

Publicar un comentario