"LOS HIJOS SE
VAN… Hay que aceptarlos con esa condición, hay que criarlos con esa idea, hay
que asumir esa realidad. No es que se van… es que la vida se los lleva. Ya no eres su centro. Ya no eres propietario, eres
consejero. No diriges, aceptas. No mandas, acompañas. No proyectas, respetas.
Ya necesitan otro amor, otro nido y otras perspectivas. Ya les crecieron alas y
quieren volar. Ya les crecieron raíces y maduraron por dentro. Ya les pasó las
borrascas de la adolescencia y tomaron el timón. Ya miraron de frente la vida y
sintieron el llamado para vivirla por su cuenta. Ya saben que son capaces de
las mayores aventuras y de la más completa realización. Ya buscarán un amor que
los respete, que quiera compartir sin temores ni angustias las altas y las
bajas en el camino, que les endulce el recorrido y los ayude en el fin que
quieren conseguir. Y si esa primera experiencia fue equivocada, tendrán
sabiduría y las fuerzas para soltarla, así, otro amor les llegará para
compartir sus vidas en armonía. Tienen un camino y quieren explorarlo, lo
importante es que sepan desandarlo, tienen alas y quieren abrirlas. Lo
importante es el corazón sensible, la libertad asumida y la pasión a flor de
piel. Tú quedas adentro. En el cimiento de su edificio, en la raíz de su árbol,
en la corteza de su estructura, en lo profundo de su corazón. Tú quedas atrás.
En el beso que les mandas. En la oración que los sigue. Tú quedas siempre en su
interior, aunque cambies de lugar".
(texto tomado de la red).

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